Archivo

Archivo para la Categoría "Observaciones"

Desconfianza

25/01/2010 5 comentarios

Hace un rato, de vuelta a casa, me he pasado por una conocida tienda (?) de teléfonos móviles a ver si tenían uno de los modelos que tengo en mente para cuando jubile al actual. En principio no tengo ninguna intención de contratarlo a través de un intermediario, pero ya que me pillaba de paso he entrado sólo para poder ver los teléfonos con mis propios ojos, aunque sean una réplica, para hacerme una idea.

Por supuesto, en cuanto le he preguntado a uno de los dependientes simplemente cuánto costaba un teléfono, le ha faltado tiempo para sentarme e intentar vendérmelo ahí mismo. Lo primero que ha hecho ha sido pedirme mi número de teléfono. Le he preguntado para qué lo quería y me ha dicho que era sólo para comprobar qué ofertas había disponibles. Me ha extrañado pero no quería ponerme agresivo de buen principio y se lo he dado. Luego me ha pedido mi código postal. En Reino Unido, si conoces el código postal de cualquier persona puedes averiguar su calle fácilmente y si es una calle larga también averiguarás más o menos a qué altura. Pero como aquí el código postal lo piden para todo, tampoco le he dado importancia y se lo he dado. Luego me ha preguntado mi nombre. Le he dado sólo mi nombre de pila y con eso ya se ha dado por satisfecho, se ha presentado y me ha dicho que hoy me iba a ayudar. ¡Alerta roja!

Me ha enseñado un par de ofertas que en perspectiva debo reconocer que eran bastante buenas, porque si contratas el teléfono directamente con mi compañía actual te sale más caro, pero en aquel momento me han parecido bastante caras. También me ha ofrecido 40 libras por mi teléfono actual, que a estas alturas vale bastante menos pero del que en cualquier caso no me quiero desprender. Le he dicho que la cuota mínima de 40 libras al mes me parecía mucho dinero y me ha preguntado si es que no me lo puedo permitir (!). Le he dicho que el problema no era ése, sino que tenía que pensarme si valía la pena pagar ese dinero por un teléfono móvil. Tras intentar venderme un iPhone, que salía incluso más caro (!!), finalmente se ha dado por vencido y me ha dicho que vale, que me lo piense.

Entonces le he pedido si me podía quedar la hoja donde había apuntado mi nombre, teléfono y código postal. En ningún momento había utilizado esos datos para “comprobar ofertas” y ya le veía con la intención de quedárselos para véte a saber qué. Ha empezado a trasladar las ofertas a otra hoja, pero yo he insistido en que quería la original. Me ha dicho que ésa era para sus “records”. Entonces le he dicho claramente que esa hoja tenía información personal y que no quería que se la quedara. Ha sonreído, me ha dicho que me la quede, le he dado las gracias con otra sonrisa y me he ido.

Una cosa que aprendí en mi breve carrera ejerciendo trabajos basura dentro de grandes multinacionales es que no hay que dejarse engañar por la retórica de sus empleados. En todas las empresas de este tipo en las que he trabajado nos venían marcadas las frases que teníamos que utilizar. La intención era sonar amable y como si estuviéramos de parte del cliente, cuando en realidad lo que hacíamos era salirnos con la nuestra y conseguir los objetivos que nos venían fijados. Ahora cuando me enfrento a grandes empresas como cliente soy muy consciente de que tengo que ir con mucho cuidado. Muchas veces te ponen en una situación en que para no dejarte tomar el pelo tienes que ser hasta maleducado, como cuando este señor me ha preguntado mi número de teléfono y código postal. ¿Para qué los quería realmente? Si hubiese aceptado la oferta le hubiese tenido que dar ésa y mucha más información, como mi dirección completa y cuenta bancaria, pero si sólo quiero saber cuánto vale un teléfono, ¿realmente para qué necesita esa información y por qué me pone en una situación en que no puedo saber ni cuánto me va a costar un teléfono sin dársela?

Sí, definitivamente me he vuelto más desconfiado frente a este tipo de empresas, pero si algo he aprendido en ellas es que al cliente hay que satisfacerlo lo justo para conseguir sacarle cuanto más dinero, mejor. Hay que saber hasta qué punto seguirles el juego y sobre todo tener muy claro qué es lo que queremos, para no caer víctimas de la “venta sugestiva” o de ofertas que en realidad tampoco salen tan a cuenta.

Cotilleo

04/01/2010 2 comentarios

Una cosa en la que me fijé cuando estuve en Barcelona las Navidades pasadas es lo mucho que cotillea la gente por la calle. No sé si es que en Londres no me fijo tanto porque voy a lo mío o porque la gente habla mil idiomas distintos, pero el caso es que en el espacio de unos días escuché más información personal ajena que en año y medio.

Íbamos J y yo bajando por Passeig de Gràcia y escuchamos a una chica contarle a un chico que cuando dos personas (¿dos amigos?) discuten en realidad a quien más “dan por culo” es a ella. J me preguntó si estaban hablando de lo que a él le parecía que estaban hablando. Le respondí que no exactamente.

Luego un día, creo que por la Gran Via o alguna calle paralela, escuchamos a una señora algo mayor comentar a otras dos señoras que su hijo, o quien fuese, cuando era pequeño no bebía leche porque no le “cogía bien el pecho”, o quizás “el pezón”. No recuerdo en qué idioma fue ni qué palabra usó exactamente pero a mí me pareció bastante gráfico para una conversación ajena a plena luz del día.

Por último, como si no hubiese tenido ya bastante, paseando por el Passeig Marítim nuestro último día entero en Barcelona, escuchamos a una señora mayor anunciar a un grupo de gente y al mar entero que “ella” (no sabemos quién) “lo que quería era tener un hijo, pero que se lo cuidasen otros”.

A mí me sorprende esta capacidad de la gente para compartir información tan poco favorecedora, propia o no, en plena calle. Me hubiese bastado sentarme al lado de esta última señora o seguir un rato a la de más arriba para enterarme de muchas cosas desagradables que en realidad no me importan. Me pregunto si yo también tengo este tipo de conversaciones y no pienso en que otra gente me estará escuchando, pero yo juraría que cuando llego a las partes más jugosas como mínimo bajo la voz.

Recuerdo ahora otra vez, hace ya muchos años, posiblemente cuando estaba haciendo el bachillerato, que en el bus de vuelta a casa la mujer que se sentaba delante de mí iba informando al conductor y de paso al bus entero de que su hijo se encontraba mal: nos enteramos incluso del color de lo que hacía cuando iba al baño. No sé qué le hizo pensar a esta mujer que nos importaba; o peor aún, que a su hijo no le importaría que lo compartiese…

Lluvia

26/12/2009 4 comentarios

Una diferencia cultural entre Inglaterra y Barcelona que me parece interesante es la actitud ante la lluvia.

Primero de todo debo aclarar que en Inglaterra tampoco es que llueva todos los días; además, va por zonas. Siempre digo que todas las veces que he estado en Mánchester ha llovido, pero en realidad exagero: hubo una vez que no llovió. En cambio en West Yorkshire no llovía tanto y en Cambridge creo que tampoco. En Londres a veces pasan varias semanas sin lluvia.

Otro mito, por cierto, es el de las temperaturas. En Inglaterra en invierno hace mucho frío, pero en Londres en verano nos asamos. En West Yorkshire el verano no llegué a vivirlo y en Cambridge ya no me acuerdo, aunque sí recuerdo correr por ahí en camiseta.

El caso es que, lo mires como lo mires, en Inglaterra llueve más que en Barcelona, así que la gente se lo toma de otra manera. En Barcelona a la mínima que llueve la gente ya empieza a quejarse y salir a la calle es toda una operación. La gente no suele llevar paraguas encima salvo que llueva o se sepa casi seguro que va a llover. Sin embargo, a la primera gota todo el mundo saca el paraguas.

He aquí la diferencia que me sorprendió cuando llegué a Inglaterra: Mucha gente no saca el paraguas salvo que la lluvia sea realmente insistente o molesta; si son sólo unas gotitas mucha gente no se molesta. Yo cuando llegué venía con el chip de Barcelona, sobre todo porque llevo gafas y molesta mucho que se mojen, pero ahora noto que aunque siempre llevo un paraguas chiquitín encima sólo lo saco si llueve mucho o tengo que andar un buen rato. En parte es porque ya me he acostumbrado y en parte reconozco que también es por la molestia de llevar un paraguas mojado.

Otra diferencia en la que he reparado estos días que he estado de vuelta en Barcelona es que en Inglaterra no recuerdo que nunca me hayan pedido dejar el paraguas en la entrada en una tienda o en un restaurante, mientras que en Barcelona en muchos sitios lo piden o como mínimo lo sugieren dejando un paragüero a la entrada. En parte esto debe de ser porque en Inglaterra el suelo suele estar enmoquetado, lo que previene muchos resbalones y ahorra intentar secarse la suela del zapato al entrar, pero yo entro y salgo incluso de las librerías sin que nadie jamás haya cuestionado que me acompañe mi paraguas mojado.

Una última observación: Cuando yo vivía en Barcelona muchas veces no me daba cuenta de que llovía hasta que salía a la calle y me lo encontraba, por lo que más de una vez me encontré con que llovía, tenía que volver a casa y no llevaba paraguas encima. En Londres siempre llevo un pequeño paraguas encima, pero no hay mañana que no mire por la ventana antes de salir de casa para saber si tengo que salir con el paraguas en la bolsa o en la mano. De hecho tengo ya localizado un charquito en la acera de enfrente donde si veo caer gotas ya sé que llueve.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.